Es la mañana del domingo 12 de octubre. El Frontón Bucareli se prepara para recibir a cientos de fans de la NFL, en la Ciudad de México, para vivir la experiencia NFL hasta la muerte.
En diversos medios de comunicación se ha anunciado como una exposición de ofrendas de los 32 equipos que conforman la National Football League, en vísperas del Día de Muertos.
El ingreso a dicho evento es totalmente gratuito y se realiza a través de la plataforma NFL pass (poco intuitiva y con un sistema confuso).
Yo realicé el registro la misma mañana del domingo y llegué al inmueble en punto de las 12 del día. El lugar no cuenta con letreros visibles ni demasiada publicidad en su fachada, aunque la enorme fila de aficionados, todos ellos ataviados con jersey, gorra y objetos de sus equipos favoritos, anunciaban que ese era el sitio indicado.
Ingresé alrededor de la 1:30 de la tarde, la entrada al sitio ofrecía una bienvenida enigmática. Nos recibió la ofrenda de Disney a la derecha y la de ESPN a la izquierda; enmarcadas por una enorme tienda de productos New Era con la mercancía conmemorativa: sudaderas, playeras, gorras, termos, tazas y jerseys. El diseño del logo y demás gráficos del evento eran de primera calidad; la ambientación del Frontón Bucareli era espectacular; la iluminación, el audio y la proyección en pantallas gigantes fue estimulante y envolvente.
Dejando atrás las ofrendas representativas de marcas y medios de comunicación, así como la tienda oficial; se abría paso a la antigua cancha de frontón: una nave de enorme altura convertida en escenario de grandiosos altares de Día de Muertos y un improvisado bar con pantallas colosales que transmitía en simultáneo tres partidos de futbol americano.
Hasta este punto toda la experiencia era muy prometedora y contaba con grandes estímulos visuales. Sin embargo, lo espectacular de la instalación se quedó corta comparada con las expectativas de los fans. El tiempo de espera en la fila para ingresar y la promesa de ver 32 ofrendas o al menos mayor representación de equipos en los altares, se vio frustrada al percatarnos que sólo había 7 ofrendas, dedicadas a 7 equipos. ¿Cómo se eligieron esos equipos? ¿Por qué no se convocó a las comunidades de otros equipos que también tienen cientos de fans en México? No lo sabemos. Los asistentes se dividían entre fans volcados en devoción hacia su equipo a través de caracterizaciones icónicas y fans decepcionados por no tener altar representativo.
La zona de pantallas con mesas altas de bar y venta de comida invitaba a permanecer un largo tiempo en el lugar. Pero como suele suceder en algunos eventos de esta clase: era zona VIP. Lo cual, si se analiza con inteligencia, resulta insulso, ya que todos los que ingresamos a esta experiencia podíamos observar los partidos sin problema; la diferencia es que no teníamos una mesa para disfrutar de bebidas y comida, a las que no teníamos acceso de compra todos los asistentes, únicamente los VIP.
En mi opinión, un evento con enorme número de fans como éste, no debería hacer diferencias tan pasadas de moda, donde una línea invisible divide lo VIP de lo que no lo es. Sería más incluyente y lucrativo que todos tuviéramos acceso a mesas, bebidas y snacks. Como siempre menciono en estos eventos masivos: ¿Quién produce esto? ¿Por qué no se explota todo el potencial? ¿Por qué no se agasaja a los fans que suelen invertir miles de pesos en su deporte favorito?
En fin, la fiebre enefelera y la fiesta previa a día de muertos sí sucedió. Por más de tres horas vimos deambular fans ataviados, de pies a cabeza, con todo tipo de objetos de sus equipos favoritos; modelos catrinas representativas de cada altar; comentaristas deportivos, fotógrafos y prensa por igual,
La calidad del evento es bastante elevada, la calidad y logística de la producción siempre puede ser mejor y más pulcra; a la altura del fandom mexicano hacia este poderoso deporte de contacto.
¡Viva la NFL… hasta la muerte!


















