A menos de cuatro horas de Ciudad de México, este Pueblo Mágico ofrece historia, gastronomía y paisajes que conquistan todos los sentidos
Decir que Zacatlán de las Manzanas es un Pueblo Mágico que sólo tiene manzanas como atractivo turístico queda muy corto, porque si bien este rincón de Puebla sí produce el fruto y lo transforma en un montón de platillos, tiene una oferta mucho más amplia de lo que imaginas.
Si no sabes qué hacer un fin de semana y tienes ganas de conocer un lugar lindo, cercano y a precios accesibles, esta opción es para ti, porque Zacatlán de las Manzanas está a menos de 4 horas de Ciudad de México.
A bordo del MG3 Hybrid+, Wheels Magazine México se lanzó a la aventura y trae para ti las actividades que sí o sí tienes que realizar cuando vayas a la ciudad de la eterna neblina.
Vitromurales de historia
Una de las atracciones más brillantes son los vitromurales, que comienzan en el Callejón del Hueso con más de 100 metros de paredes adornadas con la historia de Zacatlán y pasajes bíblicos hechos con piezas de cristal, talavera y espejos reciclados.
La historia de Zacatlán a través de los vitromurales también la encontrarás en todo el perímetro del panteón municipal, que está decorado con estas hermosas piezas de arte. Y si sólo observarlos es poco para ti, hay talleres donde artesanos te ayudarán a aprender y conocer este oficio.
La cuna de la relojería
Uno de los símbolos más importantes de Zacatlán son los relojes, mismos que encontrarás como ornamento de sus calles en diferentes tamaños y formas… hasta uno que da la hora al revés.
El pueblo es el hogar de la Fábrica de Relojes Centenario, por lo que hay tres imperdibles: un recorrido por la fábrica, el show de autómatas en los balcones de los talleres y apreciar el enorme reloj floral musical de la plaza de armas.
Atracción a prueba de vértigo
Uno de los lugares más virales de Zacatlán es el Mirador de Cristal en la Barranca de los Jilgueros. La foto ahí va directo al Instagram, y es que se trata de una actividad a prueba de acrofobia, pues puedes caminar sobre un puente transparente suspendido sobre un cañón con vista a las montañas y cascadas; sin embargo, hay momentos en que la niebla es tan densa que no te permitirá ver nada.
Si cuentas con más tiempo ahí encontrarás guías que te organizan paquetes para bajar al cañón, conocer cascadas y hasta lanzarte de una tirolesa.
Magia y neblina que abrazan el alma
Zacatlán se encuentra en la sierra poblana, de ahí que el clima suela ser fresco (al menos más que en Ciudad de México), y por las noches la neblina se hace más densa. Tanto que genera la sensación de que se “desborda” de la barranca, inunda las calles del centro y te abraza de pies a cabeza.
Una mañana aquí te obliga a bajar el acelerado ritmo de la ciudad; las tardes te incitan a caminar con calma, a recorrer los monumentos a las manzanas que encuentras en cada esquina, y las noches te demuestran que la niebla no siempre es símbolo de terror, como nos enseñaron películas de horror como El Exorcista; aquí la neblina te cura los dolores del alma y te relaja.
Ante una temperatura que baja conforme avanza la noche, la invitación sin duda es a tomar un café de olla auténtico de pueblo, con su piloncillo y en jarrito de barro, y para acompañar: ¡pan!
El pan de queso de Zacatlán es uno de los símbolos gastronómicos más aclamados de este Pueblo Mágico en Puebla. Se prepara desde hace más de 100 años en hornos de piedra y se distingue por su relleno de queso ranchero o requesón. Lo encuentras por todos lados, pero las panaderías más reconocidas son La Fama, Vázquez y Pimentel.
En 2025 la presidenta Claudia Sheinbaum decretó como Patrimonio Cultural Intangible del Estado de Puebla los procesos artesanales del pan de Zacatlán relleno de queso.
Y si lo tuyo, lo tuyo es la comida, nuestra recomendación es La Chichipinga, un restaurante de comida mexicana tradicional cuya especialidad es el mole poblano. Incluso obtuvo en dos ocasiones el reconocimiento al mejor mole de Puebla. Y créanme, ¡estaba para chuparse los dedos!
Aunque ofrece un menú amplio para todos los gustos. Además de la comida tradicional hay hamburguesas, pastelillos, malteadas y pizzas.
Entre los puntos a destacar está que la atención es amable, los alimentos se sirven muy bonitos (nos dieron aguacate con forma de flores), los ingredientes son frescos y la relación calidad-precio es 10 de 10. Además te dan un mantelito interactivo con colores para que ilumines dibujos o resuelvas sopas de letras.
En conclusión, Zacatlán de las Manzanas no sólo es un destino para disfrutar de su famosa fruta, sino un lugar donde la historia, la tradición artesanal, la gastronomía y la magia de la neblina se entrelazan para ofrecer una experiencia única. Cada rincón del pueblo invita a detenerse, contemplar y dejarse envolver por su encanto, convirtiéndolo en un sitio que no sólo se visita, sino que se vive.



